"Os conviene que yo [Yahshua] me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré." "Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad."“Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.”"El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él." (Juan 16:7;2 Cor 3:17;Galt 4:6;Juan 14:23)

El mismo Espíritu que permitió a Yahshua obtener la victoria sobre el pecado actua en nosotros con poder para hacernos hijos e hijas de Dios. Yahshua fue el primero en explicar esto a Nicodemos: “De cierto, de cierto te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es. (Juan 3:5-6).

Yahshua le habló a Sus discípulos sobre “el Espíritu que habían de recibir los que creyesen en El”. Pero Juan explica: “... el Espíritu aun no había sido dado, porque Yahshua aun no había sido glorificado”.(Juan 7:39) He aquí por que, después de haber anunciado Su partida, Yahshua les reaseguró: “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. ”.(Juan 16:7-8) Y más: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad.” (Juan 16:13).

Inmediatamente después de Su resurrección, Yahshua renovó la promesa: “... Pero vosotros sereis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”. (Hechos 1:5) Y repitió: “Pero recibireis poder, al descender sobre vosotros el Espíritu Santo, y me sereis testigos, tanto en Jerusalén, como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la Tierra”. (Hechos 1:8) Recordemos tambien lo que dijo Juan el Bautista, "El que me envió a bautizar con agua, Aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él,ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.

Aquello que Yahshua le prometió a los doce se cumplió en el Pentecostés y se cumplira en todos aquellos que respondan a los apelos del Espíritu y deseen nacer de nuevo. Pues “toda la autoridad en el Cielo y en la Tierra” le fue dada a Yahshua (Mat. 28:18) Cristo está trabajando para atraer todos los seres humanos a Sí mismo (Juan 12:32) y capacitarlos a vivir por el Espíritu, como Él mismo lo hizo cuando estuvo en la Tierra. Pero el Enemigo de las almas se esfuerza mucho para que los hombres reciban otro evangelio (uno incompleto o con otras orientaciones) para evitar asi esta gran victoria y la vida eterna que Cristo nos da.

Desde el Pentecostés, Dios concede Su Espíritu a todo aquel que lo pide (Lucas 11:13), y también Cristo a través de Su Espíritu, en aquellos que Lo reciben. Así como Yahshua venció “el pecado en carne humana” por el Espíritu Santo de Dios, igualmente Él habilita a Sus hijos a vencer por el poder de Su Espíritu, el cual es el mismo Espiritu Santo que comparten el Padre y el Hijo. De hecho, 2 Pedro 1:4 declara que las nuevas criaturas se hacen “participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las concupiscencias".

Por Su ministerio, Yahshua ha abierto el camino para el Espíritu y ha proporcionado un nuevo nacimiento a la generación de seres humanos regenerados por el Espíritu. Y a todos los que son nacidos del Espíritu, Dios no solamente les da el poder para decir “no” a la “impiedad y a las pasiones mundanas” sino también para vivir “en el presente mundo sobria, y justa, y piamente, aguardando la bienaventurada esperanza y el aparecimiento de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Yahshua”. (Tito 2:12-13).

Es el Espíritu de Dios que hace efectivo lo que fue realizado por el Redentor del mundo. Es por el Espíritu que el corazón es purificado. A través de El el creyente se hace participante de la naturaleza divina. Cristo concedió Su Espíritu como un divino poder para vencer todas las propensiones heredadas y cultivadas para el mal, y para imprimir o sellar Su propio carácter en Su Iglesia”.“Cristo murió en el Calvario para que el hombre pudiese tener el poder de vencer sus propensiones o inclinaciones naturales para el pecado”.

La vida de los profesos cristianos no está, por lo tanto, limitada al perdón de los pecados, o a “una religión fácil que no exija lucha, abnegación y separación de los desatinos del mundo”. Sin embargo, el Espíritu de vida que está en Cristo realmente ha libertado al cristiano de la esclavitud del pecado, de forma que él pueda vivir victoriosamente, según el ejemplo del Salvador. “La vida que Cristo vivió en este mundo, hombres y mujeres pueden vivirla a través de Su poder y bajo Su instrucción. En su conflicto con Satanás y los angeles caidos, ellos pueden tener toda la ayuda que Él tuvo. "Pueden ser más que vencedores por Aquel que los amó y a Sí mismo Se dio por ellos”.

"Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Yahshua mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Yahshua vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros."(Rom 8:9-11)