"Llamarás su nombre YAHSHUA, porque él salvará a su pueblo DE sus pecados" (Mateo 1:21).

Yahshua significa "Yah Salva" o "Yahweh es Salvacion." Es decir, Yahshua es el Don del Padre a nosotros, para salvarnos de nuestros pecados y revestirnos de la naturaleza divina perdida en el Eden.

Esta es una pregunta sobre la que depende nuestra salvación, “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y á Jesucristo (Yahshua), al cual has enviado.” (Juan 17:3) En otras palabras, es esencial conocer a Yahshua como realmente es y Su Evangelio para poder recibir con seguridad el Reino de Dios en nuestro corazon, y la vida eterna, pues "el que conoce a Yahshua conocera tambien a Su Padre." (Juan 14:9)

Se conoce poco al Salvador Yahshua de las Escrituras y por lo tanto se conoce poco "las Buenas Nuevas" que el Padre Celestial nos compartio atravez de Cristo. El tener una pobre imagen o concepto ajeno al caracter del Padre y del Hijo de las Escrituras, como ellos mismos se han revelado, equivale a idolatria, a la confusion y al auto-engaño, lo cual nos impide entrar al "Reposo de Dios" (Hebreos 4) y gozar la Canaan Celestial. El caracter y la voluntad del gran "YO SOY" (YAH) no esta sujeto a las imaginaciones, preferencias y opiniones humanas. Su voluntad y Sus jucios no estan sujetos a nuestras fantasias e imaginaciones personales. Es por eso, que es tan esencial conocer al Hijo y al Padre como realmente son desde el principio, en lugar de auto-engañarnos o ser engañados por otros, pues "no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos." Mateo 7:21 Por lo tanto, para conocer Su voluntad y comprenderla es necesario conocer Su caracter y Su Plan de Salvacion de forma completa.

“Fue menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios! Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados." Isaias 53:3-5

Obviamente, Yahshua no Se ofreció en sacrifício para apaciguar la ira de un Dios ofendido, como lo presentan algunos. Ni tampoco Dios Se vengó en Cristo para satisfacer Su justicia, pues todos los textos que explican la razón de la primera venida de Yahshua afirman lo contrario, esto es, que Yahweh, el Padre, envió Su Hijo unigénito por nuestra causa. Yahweh siempre es presentado como el Iniciador del plan de la salvación y Yahshua como el Mediador entre Dios y los hombres. “Aquel que ni aun escatimó a Su propio Hijo, antes lo entregó por todos nosotros.” (Rom. 8:32). Yahshua confirmó eso a través de los símbolos de la Comunion o Santa Cena:“Este pan es Mi cuerpo , que es dado por vosotros... Esa copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por vosotros”. (Lucas. 22:19-20).

El Apostol Pablo se esfuerza en ayudarnos a comprender las razones de la venida de Cristo, pero concordamos con el Apostol Pedro que en sus epístolas hay “puntos difíciles de entender, que los indoctos e inconstantes tuercen para su propio mal.” (2 Pedro 3:16). Sin embargo, aqui profundizaremos un poco mas sobre Yahshua, su ejemplo y poder que vino a darnos gratuitamente por el amor de nuestro Padre.

¿Nuestro Salvador Vino Para?

Pablo se esforzó para ayudarnos a comprender las razones de la venida de Cristo. Pero debemos concordar con Pedro, que en sus epístolas hay “puntos difíciles de entender, que los indoctos e inconstantes tuercen...” (2 Pedro 3:16). La Cristología de Pablo realmente se constituye en una de las más difíciles. Sin embargo, ningun pasaje es más revelador que aquel en el cual él muestra, por un lado, la miserable situación del hombre “vendido bajo pecado” (Rom. 7:14-24); y por otro, las razones por las cuales Dios envió “Su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa” (Rom. 8:2-4).

La pregunta que se hace a sí mismo: “¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?”, él mismo responde: “Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor.” (Rom. 7:24-25). Entonces, Pablo resume cuatro razones específicas para explicar el por qué de la acción salvífica de Dios:

1. “Para Ser Una Ofrenda por el Pecado”

Esa razón es fundamental y justifica todas las otras. Obviamente, si no hubiese habido pecado al inicio, la encarnación de Cristo no sería necesaria. Pero, a causa del pecado y del amor divino por la humanidad, “Dios ... dio a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en El cree, no perezca, sino que tenga la vida eterna”. (Juan 3:16). Toda la Biblia es la respuesta de Dios al problema del pecado.

Despues que el pecado entró en el mundo como resultado de la desobediencia de Adán y Eva a las leyes del Creador, Dios reveló Su plan de salvación. Antes de mostrarle a nuestros primeros padres las consecuencias del pecado, Él les prometió un Salvador nacido de la simiente de la mujer. Aun cuando la serpiente hiriese Su calcañar, Él le pisaría su cabeza (Gén. 3:15).Así, a través de los siglos, la promesa de un Salvador fue renovada. 

Por medio del ángel Gabriel, Dios le anunció a Daniel, el profeta, que el Mesías vendría en un tiempo específico para realizar Su obra redentiva, “para hacer cesar la transgresión, para dar fin a los pecados, para expiar la iniquidad y traer la justicia eterna...” (Dan. 9:24) Cuando Yahshua se presentó a Juan Bautista, en las márgenes del Jordán, él Lo proclamó como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29).

La misión de Cristo, una vez completada, es explicada por Pablo en términos similares a la razón por la cual Dios “envió Su Hijo en semejanza de carne pecaminosa”, para condenar “el pecado en la carne” (Rom. 8:3). 

2. Para Condenar “el Pecado en la Carne” 

“Dios, enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado, y por causa del pecado, en la carne condenó el pecado”.Evidentemente, esa condenación del pecado no fue realizada en base de una mera transacción legal por parte de Dios. A causa del pecado, fue necesario que el Verbo Se hiciese carne (Juan 1:14), que Cristo “fuese hecho semejante a Sus hermanos” (Heb. 2:17) y que fuese “tentado como nosotros, pero sin pecado” (Heb. 4:15).

Para condenar "el pecado en la carne”, Pablo especifica que fue “en el cuerpo de su carne” (Col. 1:22) que Cristo triunfó sobre el pecado, luchando contra el pecado a punto de derramar sangre (Heb. 12:4). A través de “Su carne” Cristo “abrió un nuevo y vivo camino” (Heb. 10:20), que nos llevó a la reconciliación con Dios. Pedro declaró que Cristo llevó “Él mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, para que, muertos para los pecados, pudiésemos vivir para la justicia...”(1 Ped. 2:24)

Fuera de eso, para abolir la muerte (2 Tim. 1:10) así como todas “las obras del diablo” (1 Juan 3:8), Cristo tuvo que participar de la “carne y de la sangre” del hombre, “para que por la muerte derrotase a aquel que tenía el poder de la muerte, esto es, el diablo” (Heb. 2:14). Ese fue el pré-requisito para Cristo hacerse “un Sumo Sacerdote santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores...” (Heb. 7:26), y estar en posición de librar a“todos aquellos que, con miedo de la muerte, estaban por toda la vida sujetos a la esclavitud” (Heb. 2:15). Esta es la segunda razón dada por Pablo para justificar la encarnación de Cristo.

3. Para Libertar los Seres Humanos “de la Ley [Dominio] del Pecado y de la Muerte”

Habiendo condenado el pecado en la carne, Cristo podía ahora actuar para librar al hombre de la esclavitud del pecado. “Porque en aquello que Él mismo, siendo tentado [pero sin pecado] sufrió, puede socorrer a los que son tentados” (Heb. 2:18; 4:15). Librar al hombre del pecado constituye, por lo tanto, el primer objetivo de la encarnación de Cristo.

A fin de ayudarnos, los escritores sacros usaron el lenguaje de una sociedad practicante de la esclavitud, donde era necesario pagar rescate para libertar un esclavo. El mismo Yahshua usó esas palabras para ilustrar la razón de Su misión. Él afirmó: “Todo aquel que comete pecado es esclavo del pecado”. Y añadió para el benefício de Su público: “Si, pues, el Hijo os libertare, verdaderamente seréis libres”. (Juan 8:34 y 36) Pues “el Hijo del hombre vino... para dar Su vida en rescate de muchos”. (Marcos 10:45; Mateos 20:28)

Pablo, semejantemente, usa esas expresiones. Él le escribió a los Gálatas: “Pero viniendo la plenitud de los tiempos, Dios envió Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar [literalmente, comprar] a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibamos la adopción de hijos”. (Gál. 4:4-5). En su carta a Timoteo, él recuerda que Cristo “... Se dio a Sí mismo en rescate por todos”. (1 Tim. 2:6) Entonces, en Tito, él escribe que Yahshua“... Se dio a Sí mismo por nosotros, para redimirnos [literalmente, libertarnos] de toda iniquidad, y purificar para Sí un pueblo todo Suyo, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). En suma, Yahshua no solamente vino para quitar nuestros pecados (1 Juan 3:5), sino también para libertarnos de ellos (Apoc. 1:5; 1 Juan 1:7-9).

4. “Para Que la Justicia de la Ley se Cumpliese en Nosotros”

Ese es el principal objetivo por el cual Dios envió Su Hijo “en semejanza de carne pecaminosa”. La conjunción “para que”, que introduce la última declaración de Pablo, señala el propósito de la acción de Cristo a nuestro favor. Note que no es sobre la justificación que se está tratando aquí, sino de los justos reclamos o demandas de la ley.

En nuestra situación como seres humanos, prisioneros de la ley del pecado, somos incapaces de obedecer los mandamientos de Dios. Aun cuando deseemos hacerlo, nos falta poder. Además, por sí misma, la ley de Dios es impotente para librarnos del poder del pecado. “... Si la justicia viene mediante la ley, luego Cristo murió en vano”. (Gál. 2:21) Entretanto, eso no significa que la ley de Dios haya sido abolida y que no debemos más observarla. Al contrario, Pablo afirma que “la observancia de los mandamientos de Dios” es lo que cuenta (1 Cor. 7:19). Yahshua fue enviado para capacitarnos a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, expresa en Su Ley, como nos enseñó con Su ejemplo. 

Por Su participación en la sangre y carne de la humanidad, y en razón de Su victoria sobre el “pecado en la carne”, Yahshua recupero para nosotros un principio vital, una licencia para una nueva creacion capaz de vivir en la “obediencia que proviene de la fe” (Rom. 1:5; 16:26). Pues si, “por la desobediencia de un sólo hombre muchos fueron constituídos pecadores”, Pablo nos dá la certeza de que “por la obediencia de uno, muchos serán constituídos justos” y obedientes. (Rom. 5:19)

En armonía con el nuevo pacto prometido, del cual Cristo es el Mediador, la ley no está más simplemente escrita en tablas de piedra. “Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor. Pondré Mis leyes en sus corazones, y las escribiré en su entendimiento.” (Heb. 10:16). De ese modo, la justicia de la ley puede ser realizada en nosotros, para que, después de eso, no más caminemos según la carne, sino según el Espíritu, seguiendo el ejemplo de Cristo. Es por esta razon los son guiados por el Espíritu no están bajo la ley, pues la Ley de Dios no condena a quienes cumplen sus principios de amor a Dios y al projimo, pues la Simiente de Dios permanece en ellos. (Galt 5:18; 1 Juan3:9-10)